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martes, 23 de agosto de 2022

¿Debió el PCE adoptar la «Nueva Democracia» y la «GPP» para ganar la Guerra Civil Española (1936-39)?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

«En otros capítulos de nuestras obras [*] pudimos comprobar cómo en su día Mao Zedong, al igual que tantos otros líderes de Europa del Este y Asia, recibieron su flamante «República Popular» de la mano de las acciones decisivas del Ejército Rojo de la URSS contra Japón, de su financiación permanente, de la existencia de una frontera segura −como era la soviético-mongola− y gracias −en líneas generales− a una coyuntura internacional altamente favorable durante la posguerra. En cambio, en 1964, Mao no solo parecía olvidarse de esa verdad histórica, sino que al creerse la propaganda de los suyos −que le erigía como el mayor «genio militar» que el mundo jamás haya conocido− se permitía dar consejos al resto del mundo, «corrigiendo» los errores del resto de experiencias: 

«Kang Sheng: Yo le pregunté a los camaradas españoles, y ellos contestaron diciendo que el problema para ellos consistía en establecer una democracia burguesa, y no una nueva democracia. En su país, ellos no se ocuparon de estos tres puntos: ejército, campo y Poder político. Se subordinaron completamente a las exigencias de la política exterior soviética, y no consiguieron nada en absoluto (Mao: ¡Esas son las políticas de Chen Tu-hsiu!). Ellos dicen que el Partido Comunista organizó un ejército y luego se lo entregó a otros. (Mao: Eso es inútil). Ellos tampoco querían el Poder político». (Mao Zedong; Presidente Mao hablando al pueblo; Conversaciones y cartas: 1956-1971)

Esta es la cita del «Gran Timonel» que los neomaoístas han reproducido hasta la saciedad para intentar explicar los diferentes resultados en las guerras de China y España. Sin ir más lejos, obsérvese como la «Línea de Reconstitución» (LR) reproducía la obra del Partido Comunista Revolucionario (EE. UU.) «La Línea de la Comintern ante la Guerra Civil en España» (2016), un escrito en donde, todo sea dicho, se coquetea abiertamente con una reevaluación de la guerra en clave trotskista y se repiten todos los mitos de la historiografía burguesa sobre el PCE, como la acusación de «oponerse a la colectivización», regalar el carnet a «pequeño burgueses» y «rebajar el espíritu revolucionario de las masas», algo que refutamos en su día. Para más inri, demuestra un cínico ejercicio de proyección de lo que ha sido maoísmo y sus propios defectos. Véase el capítulo: «La Guerra Civil Española (1936-39) y su interpretación en clave anarco-trotskista» (2022).

Asegurar que los revolucionarios españoles perdieron la guerra porque en lo militar no aplicaron una «GPP» combinada en lo político-económico con una búsqueda de una «nueva democracia», y que ambos factores fueron decisivos para «la desmoralización de los desposeídos» es lo más patético que se puede llegar a afirmar a nivel histórico. No solo es una auténtica falta de respeto para los antifascistas hispanos y de todo el mundo, sino que es una mentira que, como tal, tiene las patas muy cortas. Precisamente el programa de «nueva democracia» de Mao incluía: 1) negar la hegemonía de cualquier clase o partido en esta etapa; 2) no obstaculizar, sino primar, el desarrollo del sector privado considerándolo «beneficioso para el pueblo»; 3) pedir créditos al imperialismo extranjero para industrializar el país y «desarrollar las fuerzas productivas»; 4) considerar a la burguesía compradora y al colonialismo como únicos enemigos de la nación, configurando a la burguesía nacionalista como parte del «pueblo» y «aliado fundamental» para el triunfo de la revolución, esquema de alianzas que consideraban también posible «durante la construcción del socialismo». No podemos hacer nada por quien se atreva hoy a negar esto; simplemente le aleccionamos a que repase las obras originales del autor chino sin adulteraciones. Véase nuestra obra: «Comparativas entre el marxismo-leninismo y el revisionismo chino sobre cuestiones fundamentales» (2016). 

jueves, 4 de agosto de 2022

¿Qué pasa con aquellos cuya política no pasa por posicionarse a favor de ningún bloque imperialista?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2022]

«En esta sección analizaremos varias cuestiones de suma importancia. 

En primer lugar, desmontaremos la típica propaganda imperialista de que «X» país, al tener unos supuestos «derechos históricos» sobre una zona «Y», tiene vía libre para imponer su dominio en contra de la voluntad de sus habitantes. 

En segundo y tercer lugar, veremos cómo para las potencias imperialistas las regiones y sus poblaciones son meros peones en un tablero de ajedrez, no hay intención real de velar por su bienestar, solo cálculos mezquinos en torno a mayor manejo de recursos y prestigio internacional.

En cuarto lugar, observaremos cómo el señor Gouysse se vale de comparaciones forzosas −con la Guerra de Corea (1950)− para justificar un apoyo a China en una futura guerra con los EE.UU.  

En quinto lugar, compararemos los reproches de Gouysse hacia los «dogmáticos» e «izquierdistas» −es decir, aquellos que no aceptan posicionarse con la China de Xi Jinping− con las críticas que recibía el Partido del Trabajo de Albania (PTA), de parte de los prochinos y prosoviéticos, por no posicionarse con alguna de las superpotencias de la época. 

Por último, presentaremos cuales eran las tesis de Lenin contra Kautsky en torno a la cuestión de la paz en mitad de una guerra imperialista, especialmente cuando los revolucionarios, como en aquel entonces los bolcheviques, aun están lejos de tener una influencia significativa entre la población. 

¿Qué es eso de que China tiene «derecho» a reclamar Taiwán?

«La reunificación completa de nuestra patria constituye una aspiración común de todos los compatriotas de ambas orillas del Estrecho». (Xi Jinping; Discurso de final de año, 2021)

Entendemos que la cuestión de Taiwán es casi una cuestión de honor para los imperialistas chinos, los cuales son orgullosos y se sienten fuertes para mover ficha, con cada vez mayor osadía. Si su potencial sigue creciendo tarde o temprano otorgarán un ultimátum a la isla y no se detendrán ahí, sino que pasarán a reclamar otros territorios, tengan «reclamaciones históricas», «afinidades étnicas» o sean de simple «interés estratégico en la zona». Ya hemos manifestado que los palmeros de Pekín siempre dirán amén a estas acciones. Esto es normal, y no debemos guardarles especial rencor, ya que como todo vasallo su labor se resume en que cuando el amo actúa ellos tienen que buscarse la vida en excusar sus actos. En su día justificaron la ocupación de zonas como Xinjiang, el Tíbet, Macao o Hong Kong con el pretexto de «liberarlos del imperialismo occidental» y la «opresión religiosa», pero esta fue una carta que gastaron hace tiempo, cuando los gobernantes chinos de la época de Mao empezaron a repartirse el mundo en contubernio con los EE.UU. y pasaron a promover las distintas religiones tradicionales, aunque, eso sí, siempre que estas respetasen la «integridad del territorio» y no mancillasen el honor del gobierno central. ¡Si hasta hemos visto recientemente al Presidente Xi Jinping citando a Confucio!

Algunos alegarán que China tiene «derechos históricos» sobre la isla. Bien, para quien no lo sepa durante el siglo XVII Taiwán fue una colonia holandesa y española, después pasó a ser colonizada por las diferentes dinastías chinas, quienes no tuvieron problema en exterminar a parte de la población para someterla a su gobernación, luego fue ocupada por el expansionismo japonés y por último, en el año 1949, pasó a formar parte de la República de China, es decir, del gobierno formado a partir de los restos del Kuomintang (KMT), el partido nacionalista –o mejor dicho uno de los dos partidos nacionalistas– que perdió la guerra civil china frente al Partido Comunista de China (PCCh) –que hoy gobierna desde Pekín–. En aquel entonces la cúpula del PCCh no se atrevió a echar a un debilitado KMT de la zona principalmente por dos razones: a) la dificultad de una operación anfibia; b) el pavor a provocar una intervención de los EE.UU. y una guerra a gran escala. 

Pero las cosas han cambiado muchísimo desde entonces. Pekín demostró en la práctica no tener ninguna intención de construir el comunismo ni respetar la soberanía nacional de los pueblos, sino que su único objetivo palpable ha sido la expansión de su economía capitalista por los cuatro costados del planeta, todo a fin de obtener las máximas ganancias. Una ambiciosa labor en la que, por cierto, los prochinos contemporáneos olvidan que Washington ha sido su benefactor durante no pocas décadas, proporcionándole todo tipo de asistencia técnica para levantar su imperio, algo que ahora se le ha vuelto totalmente en contra. ¡Paradojas de la vida!

En cuanto a la actual población taiwanesa todo parece indicar que no desea su unión con la China continental, pero en caso de que no fuese así, el gobierno chino dudosamente va a dar la posibilidad de saberlo en un plebiscito. En este aspecto igual de fiable sería la cacareada «supervisión internacional» de la ONU, que, por otra parte, nunca ha demostrado ser un organismo imparcial, pues desde sus comienzos ha estado manipulada por los designios del Tío Sam. Lo que debe de quedar claro es que si los soldados chinos de Xi Jinping invaden la zona sería como si Francia hubiese decidido invadir Alsacia en 1913 o Alemania invade el Sarre en 1933. ¿Qué queremos decir? Que más allá de las simpatías de la población o los famosos «derechos históricos», este sería un movimiento calculado por la burguesía nacional para iniciar un ajuste de cuentas con el imperialismo rival, para obtener «X» beneficios, nada más. Pero, a todo esto, ¿con qué legitimidad un país imperialista invocaría la «autodeterminación de los pueblos» cuando ni siquiera la respeta en su casa? A esto es lo que no saben qué responder nuestros afables fans de un imperialismo u otro, que solo apuran a tartamudear un par de frases manidas. Véase el capítulo: «¿Puede ser «el apoyo de los pueblos» un país que viola el derecho de autodeterminación en su casa?» (2021).

Por si esta forma de razonar resulta extraña para muchos dejaremos las siguientes palabras del jefe de los bolcheviques:

«El obrero asalariado seguirá siendo objeto de explotación, y para luchar con éxito contra ella se exige que el proletariado sea independiente del nacionalismo, que los proletarios mantengan una posición de completa neutralidad, por decirlo así, en la lucha de la burguesía de las diversas naciones por la supremacía. En cuanto el proletariado de una nación cualquiera apoye en lo más mínimo los privilegios de «su» burguesía nacional, este apoyo provocará inevitablemente la desconfianza del proletariado de la otra nación, debilitará la solidaridad internacional de clase de los obreros, los desunirá para regocijo de la burguesía». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El derecho de las naciones a la autodeterminación, 1916)

jueves, 3 de junio de 2021

«Debemos apoyar a China porque pone en entredicho la política occidental», ¿dónde hemos oído esto antes?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Publicado originalmente en 2020. Reeditado en 2022]

«En esta sección analizaremos cómo el «tercermundismo» sigue siendo una baza muy utilizada por los gobiernos tanto de las potencias imperialistas como de los países dependientes. En segundo lugar, observaremos cómo esta desviación es una enfermedad muy extendida entre los grupos de «izquierda». En tercer lugar, expondremos cómo para muchos militantes antiimperialistas solo hay un único imperialismo que les preocupe: el de Washington. Por último, desmontaremos la teoría catastrofista que suelen utilizar los prochinos para que se apoye su política en terceros países.

¿Qué es el «tercermundismo» y por qué China lo sigue utilizando?

«China intenta penetrar en los países del «tercer mundo» y ocupar un «lugar al sol». (...) A medida que China se desarrolle económica y militarmente, intentará cada vez más penetrar en los países pequeños y menos desarrollados y dominarlos a través de sus exportaciones de capitales». (Enver Hoxha; Imperialismo y revolución, 1978)

Xi Jinping se pasea por los foros internacionales lanzando los clásicos discursos «tercermundistas» de toda la vida para intentar ganarse a los incautos. Atentos porque el cinismo de esta gente es increíble:

«Necesitamos cerrar la brecha del desarrollo y revitalizar el desarrollo mundial. El proceso de desarrollo global está sufriendo una grave interrupción, lo que implica problemas más destacados, como una brecha Norte-Sur cada vez mayor, trayectorias de recuperación divergentes, fallas en el desarrollo y una brecha tecnológica. (…) El camino correcto para la humanidad es el desarrollo pacífico y la cooperación en la que todos ganan». (Xi Jinping; Discurso en el Foro Económico, 17 de enero de 2022)

¡Qué bonito discurso, Presidente! ¡Qué pena que China incumpla día y noche sus promesas de «coexistencia pacífica», «comercio justo», «compromiso climático» y todo lo demás! ¿No os recuerda esto a los discursos de Kennedy, Carter o Clinton? En verdad, este tipo de promesas son recurrentes en estos foros internacionales, donde la potencia intenta presentarse ante el mundo como el garante de la paz, como el hermano mayor altruista, etcétera. Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.

El llamado «tercermundismo» ha sido siempre la marca del revisionismo, en cualquiera de sus expresiones. Hoy, el tercermundismo sigue presente en la política exterior no solo del revisionismo, es decir, de quienes se intentan hacer pasar por marxistas de alguna manera u otra, sino que es el sello de la mayoría de gobiernos del mundo, puesto que existen una gran cantidad de teorías análogas que defienden lo mismo en lo fundamental: el «Movimiento de los Países No Alineados», «Nuevo Orden económico», el diálogo Norte-Sur», etc. Véase la obra: «La teoría de los «tres mundos» y la política exterior contrarrevolucionaria de Mao» de 2017.

Dicho esto, ha de entender la relación que circunda a todo este entramado:

a) Cuando la administración de las potencias imperialistas proponen a los gobiernos de los países que esquilman económicamente la búsqueda conjunta de un «nuevo orden económico», solo lo hacen para echarle un cable a sus socios, quienes saben que están ahogados en un mar de problemas con deudas, especulación financiera, corrupción y desbalances comerciales; por tanto, a su vez buscan coordinarse con sus homólogos para embaucar con promesas a los asalariados de estas zonas, hastiados de sufrir una explotación perpetua en beneficio de las camarillas locales y las empresas extranjeras. b) Del mismo modo, cuando los países capitalistas dependientes de las grandes potencias abogan públicamente por contraer un «nuevo orden económico», traducimos que están implorando a sus aliados que aflojen el nudo que les subyuga, que necesitan como el comer un mejor reparto de los mercados, más moratorias en los pagos, armas de última generación para reprimir las protestas internas, etcétera, en suma, todo lo que sea necesario para que el régimen no colapse; en verdad, como mucho están amenazando a sus socios con que si no son capaces de satisfacer sus demandas terminarán cambiando de bloque imperialista. c) Existen también otros muchos movimientos y jefes políticos que, si bien también están comprometidos y buscan la aprobación de las potencias extranjeras, tratan de adoptar una «estoica posición» de «rebeldía» de cara a la galería, ¿por qué? Para neutralizar a sus competidores, para calmar los ánimos de las masas trabajadoras, en definitiva, para intentar recalar todos los apoyos posibles y construir su relato como «valerosos antiimperialistas» que exigen el «fin de las injusticias históricas» y la inmediata puesta en marcha de un «nuevo orden económico», aunque sin ánimo real de ir a la refriega llegada la hora. d) Por último, hay otros gabinetes de gobierno que, como representantes de la burguesía de un país capitalista en auge, aprovechan este tipo de consignas demagógicas del «nuevo orden económico» para buscar que su nación «ocupe el lugar de honor que se merece» entre las potencias regionales o mundiales, es decir, para implementar un chantaje económico e injerencia política que antes denunciaban como abusivo o intolerable cuando lo practicaban otros. En resumidas cuentas, estas teorías, en cualquiera de sus variantes son falsas y mezquinas de arriba a abajo, ya que, como los revolucionarios saben, el único «nuevo orden económico» posible que dará solución a los problemas intrínsecos y recurrentes del capitalismo es su sustitución por el sistema económico socialista, fin.

Si asumimos que ha de darse el internacionalismo −y no cualquier tipo de internacionalismo, sino el proletario que mandan los cánones marxista-leninistas−, el continuar alimentando estas nociones y discursos «tercermundistas» supone contribuir −de una manera u otra− a la perpetuación de una expresión ideológica nacionalista; supone ser −se quiera o no− el furgón de cola de la burguesía nacional de tu país natal, la cual jugará −según le toque en cada momento− el papel de dominadora o dependiente en el gran escenario global. Bajo tales preceptos, a lo máximo que se podrá aspirar políticamente es a ser un actor secundario en un precioso proyecto internacional de falsas sonrisas y cínica solidaridad entre burguesías regionales, pero nadie en su sano juicio desearía participar en tal estafa. Si alguien cree que exageramos, puede repasar lo ocurrido con los ensayos de esta élite de «reformadores sociales» con el «panafricanismo», el «socialismo árabe» o, más reciente, el «socialismo del siglo XXI». Todos ellos, debido a su disparidad de intereses y los vínculos contraídos y/o mantenidos con el imperialismo extranjero, jamás pasaron de conformar una unidad formal y efímera. Esto es normal, porque cada productor capitalista tiene intereses competitivos contrapuestos con otros a nivel mundial, y en cuanto ve ocasión de sacar tajada, traiciona los intereses formales de esa «comunidad» aliándose con el mejor postor, que normalmente suele ser una potencia imperialista con una gran chequera o muchos misiles. En el común de los casos estos «héroes antiimperialistas» acaban actuando como agentes del imperialismo de turno, del cual difunden día y noche su propaganda sobre las «excelsas bondades» que supone colaborar con tan «compresivos amigos», aunque opriman y masacren a infinidad de pueblos, empezando por el propio. Una vez el imperialismo decide que estos elementos ya no les son funcionales para sus intereses, se deshace de ellos con los mismos métodos cuestionables, por lo que las más de las veces acaban derrocados por el mismo director que antes había decidido que iba a ser el protagonista de la tragicomedia, cerrándose el telón de una función que nos podríamos haber ahorrado.


El caso de Vincent Gouysse demuestra que esta sigue siendo una enfermedad muy extendida

«Aquellos que olvidan o relegan la contradicción proletariado-burguesía y centran sus análisis únicamente en la situación internacional. Lo que les lleva a considerar que ciertos países que tienen contradicciones con el imperialismo y/o el socialimperialismo se debe apoyar a esos gobiernos en detrimento de su propio pueblo y proletariado, y del desarrollo revolucionario. Porque una cosa es tratar de agudizar las contradicciones de los países oprimidos o dependientes con sus opresores y dominadores, y otra, es por arte de dicha política, condenar al proletariado y al pueblo a seguir siendo esclavos de su burguesía, en muchos casos con rasgos y características feudales. (…) Hay que terminar con los análisis simplistas, maniqueístas que tanto han imperado en el movimiento y que son una resultante de la nefasta «teoría de los tres mundos», muy denunciada verbalmente, pero poco combatida en la práctica, y que aún colea en algunos partidos». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IVº Congreso del PCE (m-l), 1984)

Algunos espetarán: «¡Esto ya lo sabemos! No es complicado de entender, no decimos que estemos inmunizados, pero, ¿quién puede creerse esos cuentos del «tercermundismo» o el «no alineamiento» a estas alturas?», pues, para desgracia nuestra, no es tan extraño esos comportamientos y regresiones hacia estas nociones que deberían estar superadas, y el señor Vincent Gouysse es el mejor ejemplo reciente:

«China y sus aliados están innegablemente en su derecho a querer poner fin a la política colonial occidental. Desde esta perspectiva, defienden no solo sus propios intereses económicos fundamentales que requieren la extensión segura de su esfera de influencia, sino también las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres de esta espada de Damocles. En esta etapa actual de la historia del desarrollo del capitalismo, China representa, ciertamente, un progreso hacia el desarrollo para muchos países que, durante tanto tiempo, se han mantenido en el más completo atraso económico y en la miseria debido a Occidente, que encarna la reacción... ¡con tintes coloniales y proteccionistas muy pronunciados!». (Vincent Gouysse; China «comunista»: mitos y hechos principales, ¡de Mao a Xi, 2020)

¿Han leído bien? ¡China defiende «las legítimas aspiraciones de muchos pueblos de vivir libres»! El Sr. Gouysse apela a lo mismo que todos los adeptos al «socialismo del siglo XXI». Estos, cuando hablan de la más que discutible política exterior de Cuba, Venezuela o Bolivia, sostienen que, bueno, es cierto, sus «crecientes vínculos» con Rusia o China indican una clara dependencia, ¡pero al menos «entorpecen» la hegemonía estadounidense! Así es cómo el oportunismo presenta que el cambiar de potencia imperialista es un gran «progreso» y «desarrollo» histórico. ¡Aquí quién no se contenta es porque no quiere! 

Aunque las posiciones de las que parte Vincent Gouysse sean levemente distintas a las del ya fallecido Fidel Castro, tanto los postulados del francés, como los del cubano, apuestan por lanzar a los pueblos del mundo a los brazos del imperialismo: 

martes, 11 de mayo de 2021

¿Puede ser «el apoyo de los pueblos» un país que viola el derecho de autodeterminación en su casa?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Para abordar este capítulo referente a la cuestión de Xinjiang, Tíbet o Hong Kong, no podemos dejar de mirar hacia el pasado. Así, entenderemos que como se suele decir «de aquellos barros estos lodos».

En los años 30 el Partido Comunista de China (PCCh) a priori destacaba por haber aceptado la visión bolchevique sobre la cuestión nacional, algo sumamente importante en un Estado multinacional como el suyo:

«Lucha por la correcta solución revolucionaria de la cuestión nacional hacia los pueblos no chinos, el PCCh debe tener en cuenta los principales pueblos no chinos –mongoles, khoi, coreanos, tai, nose, mon, etc.– lo que representa la abrumadora mayoría de la población de las regiones periférica de China –Manchuria, Mongolia Interior, Gansu, Guizhou, Yunnan– y las minorías nacionales de los territorios de Guandong, Guangxi, Hunan, provincias occidentales de Sichuan, etc. (…) El PCCh lucha por el derecho a la autodeterminación, hasta la secesión estatal de todos los pueblos no chinos que sufren la opresión por parte de las clases poseedoras chinas y el imperialismo». (Del acta Nº307 de una reunión extraordinaria de la comisión política de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, Moscú, 21 de abril de 1933)

Antes de continuar, deberíamos hacer un inciso sobre China y la cuestión nacional para quien no esté muy familiarizado. La etnia mayoritaria en lo que hoy se conoce como China es −y siempre ha sido− la han, pero no ha sido la única, existiendo otras. Previamente a que Mao Zedong llegase a la cima de poder, el PCCh había defendido el derecho de autodeterminación hasta sus últimas consecuencias −véase las tesis del VIº Congreso del PCCh de 1928−. En los comunicados de los territorios liberados por los comunistas chinos, la República Soviética de China de 1931-37, no se dejaba lugar a dudas:

«Esto significa que las regiones como Mongolia, Tíbet, Sinkiang, Yunnan, Kweichow y otras, en las que la mayoría de la población pertenece a nacionalidades no chinas, las masas trabajadoras de estas nacionalidades tienen derecho a determinar si desean separarse de la República Soviética China y establecer su propio estado independiente o ingresar a una Unión de Repúblicas Soviéticas o formar una región autónoma dentro de la República Soviética China». (Primer Congreso Nacional de la República Soviética de China, 1931)

Sobre Mongolia

Pero a partir de 1936 la nueva política maoísta sobre las fronteras rechazaba el derecho de autodeterminación que antaño había abanderado el PCCh: 

«Cuando la revolución popular» haya salido victoriosa en China, la República de Mongolia Exterior pasará a ser automáticamente una parte de la Federación China por voluntad propia. Los pueblos mahometano y tibetano también formarán repúblicas autónomas unidas a la federación china». (Edgar Snow: Estrella roja sobre China, 1937)

sábado, 13 de marzo de 2021

¿A estas alturas con la cantinela de las «fuerzas productivas»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Si bien anteriormente comprobamos que las estadísticas de inversión extranjera directa de China en América Latina confirman que gran parte eran con fines especulativos y rentistas, esta es justamente la misma estrategia que el gigante asiático sigue en África:

«Las industrias extractivas −entre las que se incluye la petrolera− suponían 22.5% del PIB en 2010. Frente a ello, se contraponen sectores marcadamente tradicionales, como la agricultura o parte importante de los servicios (gráfica 4). Al ser China el comprador casi exclusivo del petróleo sudanés, se volvió en el gran financiador externo de la economía del país. Así, no sólo era el principal inversor, sino también el principal mercado del petróleo y, por lo tanto, de las exportaciones sudanesas (gráfica 5) [de un 3% de las exportaciones hacia China en 1999 a un 80% en 2010]. (...) Llama la atención que esta «lluvia de millones» no haya ido acompañada de un nuevo equilibrio del sector exterior, sino que hubiera déficits comerciales importantes. Esto no fue más que resultado del crecimiento sin precedentes de las importaciones como respuesta a la momentánea superación de la falta de liquidez. (...) China actuó como el primer financiador de la economía sudanesa y aportó un volumen creciente de manufacturas. Sin embargo, no desplazó del todo a los países europeos como fuente de aprovisionamiento industrial, ni se implicó en el desarrollo de sectores productivos propios más allá del petróleo ni en la construcción de infraestructuras (Bosshart, 2007). (...) Además, ha apoyado activamente con asistencia tecnológica y cesión de patentes el desarrollo del Complejo Industrial Militar. Todo ha favorecido al nuevo Estado islamista de corte neoliberal a partir de los años noventa». (Alfredo Langa Herrero & Daniel Coq Huelva; Renta petrolera y dependencia económica. El papel de China en los nuevos procesos de crecimiento en África: el caso sudanés (1989-2011), 2018)

El señor Gouysse no solo se ha vuelto prochino, sino que ahora también se ha vuelto católico y cree en los milagros. ¡Aleluya! Por eso asegura que existe, por un lado, un cierto «altruismo chino» que «impulsa» la economía de estos países mientras que, por el otro, existe una burguesía nacional en los países latinoamericanos con la predisposición de abandonar la rentabilidad a corto plazo, recortar los lujos y la corrupción de sus dirigentes «por el bien común». Resulta que ahora, gracias a las «desinteresadas inversiones chinas», la mayoría de estos Estados construirán lo que llevan siglos sin conseguir: una industria nacional independiente de los imperialismos foráneos −extracontinentales o regionales−. Parece que, a estas alturas, el señor Gouysse no es consciente de aquello que hasta los chavistas venezolanos reconocen: que el país, tras varias décadas de «socialismo del siglo XXI», no ha sido capaz de escapar del modelo extractivo del petróleo, quedando su economía sujeta a los vaivenes del precio del crudo en el mercado internacional. Vamos, lo que él mismo se encargó de reportar en su obra: «Imperialismo y antiimperialismo» (2007). Véase nuestro capítulo: «Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana» de 2018. 

Parece ser que el nuevo lacayo de Pekín intenta disimular algo tan simple como que la división internacional del trabajo también genera superganancias a China, pero solo gracias a una balanza comercial favorable en detrimento de América Latina o África. Los gobiernos latinoamericanos son presionados constantemente por esa supuesta China «librecambista» para que, en lugar de exportar sus productos procesados, se centren en la producción y exportación de materias primas. ¿Qué sorpresa, verdad?

«Existen otros factores que no permiten la diversificación del comercio y afectan su composición. China impone barreras comerciales, incluyendo aranceles relativamente altos e instrucciones a las empresas de propiedad del estado para que prioricen la compra de bienes nacionales. Las restricciones comerciales también tienden a aumentar con el grado de procesamiento y el valor agregado del bien comercializado. Por ejemplo, Argentina entró en una disputa comercial con China cuando trató de exportar a ese país aceite de soya en lugar de soya en grano. Cuando el embarque fue considerado inaceptable debido a supuestas preocupaciones sanitarias, Argentina tuvo que ceder y volvió a enviar soya en grano. Finalmente, las políticas cambiarias de China, que mantienen bajo el valor del yuan, sirven para aumentar el precio de las exportaciones de América Latina a China. Todas estas restricciones en conjunto hacen más complicados los esfuerzos para ampliar las exportaciones de bienes procesados y manufacturados. (…) El auge en las exportaciones basado en solo unos cuantos productos primarios tiene sus riesgos. Una contracción significativa en la economía de China tendría un impacto importante en el crecimiento en América Latina, ya que los flujos comerciales y de inversión disminuirían. Además, más allá del hecho de que el incremento de las exportaciones basado en solo unos pocos productos primarios deje al país vulnerable a la volatilidad de precios». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

Países potentes como Brasil, una potencia regional −aunque incapaz de rivalizar con el dragón asiático−, demuestran que el comercio con China y la política de su gobierno no conducen, precisamente, a su industrialización, sino a la desindustrialización progresiva, lo que, como es de esperar, levanta aireadas reacciones:

«El aumento galopante en importaciones de China, que creció 61 por ciento entre los años 2009 y 2010, y 47 por ciento en los dos primeros meses del 2011, ha causado una alarma considerable entre los fabricantes brasileños y ha creado continuas tensiones entre los dos países. En 2010, el 84 por ciento de las exportaciones de Brasil a China fueron materias primas, entre las cuales el hierro, la soya y el crudo representaban tres cuartos de las exportaciones. Por otro lado, el 98 por ciento de las importaciones de China fueron productos manufacturados, encabezando la lista los televisores, pantallas LCD y teléfonos. La política cambiaria de China, que sirve para mantener subvaluada su moneda, combinada con la fortaleza de la moneda brasileña, el real, exacerbaron las presiones sobre los fabricantes brasileños. El fuerte impacto sobre las industrias textiles y de calzado ha llevado a la Confederación Nacional de Industrias a realizar advertencias sobre la desindustrialización en aquellos sectores. Algunos sectores manufactureros han logrado tener éxito al pedir protección del gobierno, tal como sucedió en diciembre de 2010, cuando Brasil aumentó sus aranceles de importación aplicables a una lista de juguetes, pasando de 20 a 35 por ciento. Brasil también ha iniciado una serie de investigaciones anti-dumping contra productos chinos». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

¿Cómo han evolucionado las relaciones comerciales entre ambos países? ¿Ha cesado ese intercambio desigual y desindustrializador en detrimento de la independencia económica de Brasil o por el contrario se ha seguido en la misma línea?

«En 2018, solo tres productos −soja, petróleo, mineral de hierro− sumaron el 82% de las exportaciones brasileñas a China (Figura 1). En el sentido opuesto, las importaciones brasileñas de China son casi 100% de productos manufacturados, sobre todo productos electrónicos, productos químicos, máquinas y equipos». (Luis Antonio Paulino, revista relaciones internacionales; las relaciones Brasil-China en el siglo, 2020)

domingo, 28 de febrero de 2021

¿Qué es eso de que China es un «imperialismo pacífico»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En esta sección repasaremos cuales son los argumentarios que se suelen verter para defender a una u otra potencia, en este caso China. Demostraremos que el comercio, las inversiones extranjeras y el poderío militar para amedrentar al rival no son esferas desconectadas, sino una gran maquinaria que trabaja al unísono para que la potencia imperialista X consiga sus propósitos. Quien no entienda algo tan básico es porque no sabe ni lo básico de economía política. Para tal fin repasaremos la vieja política exterior del maoísmo, hoy recuperada por Xi Jinping para sus planes reaccionarios a escala mundial. También examinaremos los tratos de China con sus socios en Oceanía o Latinoamérica, su presencia de tropas en zonas Sudán y mucho más. De tal forma observaremos que China ejerce su presión, chantaje y agresiones tanto a nivel militar como económico, optando por una vía u otra según la ocasión.

Argumentos y maniobras acrobáticas para embellecer la política del imperialismo

En su día, Lenin contestaba con sumo sarcasmo a un Kautsky que recientemente había cambiado sus ideas en torno a las cuestiones económicas y geopolíticas:

«Resulta, entonces, que los monopolios en la economía son compatibles con un comportamiento no monopolista, no violento y no anexionista en la política». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

En el caso de Vincent Gouysse, tras recibir nuestra respuesta −que hacía hincapié en sus anacronismos históricos y en que debería recordar las archiconocidas tesis leninistas sobre la guerra entre imperialistas− el señor Gouysse, muy avergonzado por el rapapolvo recibido, decidió matizar el significado de su nuevo y efusivo folleto proimperialista donde idealizaba a China. Aún así, su exposición no lograba ocultar su nueva forma de pensar:

«Me has entendido mal, camarada: China ya es una potencia imperialista importante, casi dominante. (...) La imperial china es hoy pacífica y tercermundista, y un día será menos pacífica... Si estalla una guerra interimperialista −suicida para Occidente, cuya burguesía, creo, va a convertirse en una burguesía compradora−, los marxistas-leninistas no apoyarán a ninguno de los dos bandos, pero harán todo lo posible para aprovechar las hostilidades para transformar la guerra imperialista en una revolución socialista. Si no estalla una guerra así, China desarrollará su capitalismo a escala mundial durante algunas décadas, con la explotación «pacífica» de numerosos países. Y los marxistas-leninistas tendrán que mostrar a la gente que fue un plan de larga data, lo que hice en 2010 con «El despertar del dragón». (Vincent Gouysse; Facebook, 25 de octubre de 2020)

No creemos que se trate de un malentendido producido por el choque lingüístico; nuestras críticas están basadas en sus obras originales en francés y, además de contar con personas que dominan lo suficiente el idioma desde luego, no dejan lugar a dudas, como tampoco lo hacen sus contestaciones posteriores en inglés o castellano.

viernes, 29 de enero de 2021

¿Lucha de clases o lucha entre «proteccionismo» y «librecambismo»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


«Cuanto más rápido es el desarrollo del comercio y del capitalismo, más se concentran la producción y el capital, concentración que genera el monopolio. ¡Los monopolios han surgido ya y precisamente han surgido de la libre competencia! Aun en el caso de que los monopolios empezasen a frenar su desarrollo, esto no sería, a pesar de todo, un argumento en favor de la libre competencia, la cual es imposible después de que ella misma ya haya dado lugar a los monopolios. Se miren por donde se miren, en los argumentos de Kautsky sólo se encontrarán un espíritu reaccionario y reformismo burgués». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916) 

El ridículo pretexto para este giro prochino de Vincent Gouysse se basa en que, según él:

«Cuando digo que la política anticolonialista de China es un progreso histórico, es porque China lucha contra el proteccionismo reaccionario occidental. Marx dijo en su momento que era enemigo del libre comercio, pero que no era amigo del proteccionismo, ya que éste limitaba habitualmente a la reacción, mientras que el libre comercio tenía por efecto empujar las contradicciones internas del capitalismo a su paroxismo, apresurando así la revolución social. Sólo en este sentido, revolucionario, voto a favor del libre comercio», concluía Marx. El bloque imperialista impulsado por China encarna el libre comercio, y el bloque imperialista occidental, el proteccionismo más reaccionario –colonialismo–». (Vincent Gouysse; Comentarios, 25 de octubre de 2020)

Lo primero que salta a la vista es esa incomprensión semianarquista de la dialéctica que ya nos resulta tan familiar. Se piensa en agudización de las contradicciones, pero en términos abstractos. Da igual que la ofensiva sea del capital o del proletariado. Si algunos dirigentes comunistas, como Ernst Thälmann, falseaban la dialéctica en este sentido, proclamando que la llegada de Hitler al poder agudizaría las contradicciones, agilizaría la toma de conciencia del proletariado y, por ende, la revolución, el señor Gouysse en un tono similar nos dice hoy que hay que defender el libre comercio porque estimulará la crisis entre los países capitalistas, la lucha de clases y, con ella, apresurará la revolución. ¡Claro como el agua! Siguiendo este pensamiento mecánico, la Reforma laboral de 2012, que flexibilizó el despido libre, o la Ley de Seguridad Ciudadana de 2015, que reducía la libertad de expresión, serían «combustible» para la indignación popular y, en consecuencia, nuestra tarea como comunistas debería ser permitirlas, callar. ¿No, señor Gouysse? Quizás no ha pensado que una dinámica capitalista el crecimiento de unos países se da en detrimento de otros: en los primeros se dará −posiblemente− un incremento en la calidad de vida y mayores cuantías para sobornar a la aristocracia obrera; en los segundos, en plena depresión económica, la indignación no podrá ser recogida y canalizada por los revolucionarios mientras no estén organizados y tengan un plan de ruta clarividente. En resumidas, cuentas, esto solo es una pobre y pálida comprensión de cómo acumular fuerzas, pero ya analizaremos este fatalismo en el siguiente capítulo.

En cuanto a la supuesta oposición entre «librecambio progresista y proteccionismo reaccionario» es otra excusa muy pobre. Pero ya que se saca el tema, ¿qué demuestra la historia? Que toda burguesía, dependiendo de la fase de desarrollo en la que se encuentra, es «proteccionista», «librecambista» ¡o incluso ambas a la vez! ¿De qué depende esa gradualidad? Cuando la burguesía tiene suficiente fuerza como para alcanzar su ambicioso proyecto establece el proteccionismo para consolidar su industria y mercado –algo que siempre causa, quiérase o no, antipatías y sanciones internacionales–. No obstante, a veces por debilidad, se ve abocada a mantener cierto proteccionismo a la vez que solicita la «ayuda extranjera» –China en Asia con el capital estadounidense y occidental, Brasil en América, de nuevo, con los propios Estados Unidos, etc–.

domingo, 3 de enero de 2021

La burguesía contemporánea no necesita del colonialismo del siglo XIX para imponer su dominio o ser agresiva; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«En general, la palabra «materialista» sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. (…) Hay demasiados alemanes jóvenes a quienes las frases sobre el materialismo histórico −todo puede ser convertido en frase− sólo les sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos −pues la historia económica está todavía en mantillas−, y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña». (Friedrich Engels; Carta a Konrad Schmidt, 5 de agosto de 1880)

Estas palabras de Engels siguen vigentes a día de hoy, pues no son pocos los que utilizan arbitrariamente términos como «imperialismo», «antiimperialismo», «capitalismo», «socialismo», «colonialismo» o «neocolonialismo»… sin comprender su significado en lo más mínimo, sin investigar o corroborar aquella «teoría» que les ha proporcionado un tercero, reproduciendo palabras que apenas logran sobreentender cual papagayo. ¿Qué tiene esto de «marxista»? Nada. Si recordamos una famosa obra de Gorki: «La madre» (1906), que otro autor, Bertolt Brecht, recogió y adaptó magníficamente, esta postura está a años luz de estar cercana a un espíritu marxista, el cual siempre exige un examen de lo propio y lo ajeno: 

«¡No temas preguntar las cosas, camarada! No te dejes influenciar, averigua tú mismo. Lo que no sabes por cuenta propia no lo sabes. Revisa la cuenta. Eres tú el que la paga. Pon el dedo sobre cada cifra. Pregunta: ¿Cómo se llegó hasta aquí? Prepárate para gobernar». (Bertolt Bretch; Elogio del estudio, 1932)

Lenin no edificó su obra sobre una lectura superficial de Marx y Engels. Además de estudiar sus obras en profundidad, también hizo un gran trabajo de recopilación de información que filtraría críticamente para poder llegar a sus certeras conclusiones. ¿Cómo hizo esto último? Consultando los cientos de noticias y obras de los expertos, periodistas, economistas y analistas que estudiaron el fenómeno del imperialismo –véase sus «Cuadernos sobre el imperialismo»–. Fue así, y no de otra forma, que plasmó sus excelentes resultados en sus obras de 1914-16. Entre estas referencias citaba:

«Métodos de explotación colonial: designación de funcionarios de la nación dominante; apropiación de la tierra por los magnates de la nación dominante; altos impuestos». (Dr. Sigmund Schilder; Tendencias del desarrollo de la economía, 1912)

Hoy, sorprendentemente, el señor Vincent Gouysse asegura que esto sigue vigente:

«Es un hecho que para Occidente el colonialismo es la regla, y sin él, la esfera de influencia occidental se habría dislocado desde hace tiempo». (Vincent Gouysse; Facebook, 6 de noviembre de 2020)

En cambio, hace no mucho, declaraba todo lo contrario, riéndose de los cazurros que no comprendían los cambios operados desde principios del siglo XX:

«En tiempos de Lenin, la burguesía utilizaba el colonialismo como forma principal de su dominación sobre los países dependientes. [Más tarde] se vieron obligados a sustituir las formas coloniales de dominación imperialista, por las formas semicoloniales que tienen la ventaja de otorgar una independencia política formal». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2010)

Para empezar, como ya dijimos en una ocasión en referencia al economista venezolano Manuel Shuterland, cualquiera que se considere una persona seria y rigurosa debería dejar de utilizar el término «colonialismo» de forma indiscriminada:

sábado, 20 de junio de 2020

Vincent Gouysse y su deserción al socialimperialismo chino; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Las tesis de Gouysse sobre China entrañan otra contradicción antimarxista: creer que un país capitalista moderno, en la era de los monopolios, puede establecerse como potencia imperialista sin «conflictos» −esto es, de forma pacífica−. Para comprender cómo se formó el capitalismo en cualquier país, instamos a Gouysse a leer o repasar el capítulo «La llamada acumulación originaria» de la obra de Marx «El Capital» (1867); la obra de Lenin «Imperialismo fase superior del capitalismo» (1916); la obra de Joan Comorera: «La nación en una nueva etapa histórica» (1944); y la obra de Enver Hoxha «Imperialismo y revolución» (1978). Realizamos tal recomendación porque allí se sintetiza este proceso histórico y el señor Gouysse parece haber olvidado −si es que alguna vez ha llegado a conocer− ciertas leyes socio-económicas fundamentales del capitalismo. Claro que él aludirá a que el «imperialismo chino progresista» tiene ciertas «particularidades» −¡ay, las benditas particularidades!− que hacen que se haya formado «pacíficamente». Bien, le instamos entonces a que repase en qué descansa la explotación interna y externa de la actual China con un poco de información». (Equipo de Bitácora (M-L); La deserción de Vincent Gouysse al socialimperialismo chino; Un ejemplo de cómo la potencia de moda crea ilusiones entre las mentes débiles, 2020)

[Obra editada originalmente en 2020, reeditada en 2022]

Preámbulo

¿Por qué rescatar esta polémica tardía contra las posiciones de Vincent Gouysse, antaño un aliado nuestro? El motivo de lo puede imaginar el lector: a) es el deber de todo revolucionario combatir las distorsiones en torno al imperialismo y su carácter; b) porque una vez más consideramos necesario clarificar que las aportaciones científicas de un individuo no le eximen de sus equivocaciones o traiciones futuras, en este caso la conversión en un propagandista de la China de Xi Jinping; c) dado que no comulgamos con las especulaciones y las teorías conspiranoicas que también ha hecho gala últimamente este caballero; d) porque su método se ha alejado del priorizar la inversión de tiempo en temas tanto históricos como presentes que necesitan ser alumbrados, deslizándose por banalidades y fruslerías varias; e) ya que, una vez más el sujeto criticado es solo un pretexto para una crítica general a todos aquellos que mantienen posturas similares.

Desde este medio hemos sido los pioneros en traducir y distribuir al lector hispanohablante los magníficos análisis que en su momento produjo el señor Gouysse, el cual nos venía brindando importantes, datos, pruebas y análisis décadas atrás. El número de obras o capítulos que hemos difundido es numeroso, por lo cual no somos sospechosos de tener ninguna inquina personal hacia él:

Véase la obra de Vincent Gouysse: «Comprender las divergencias sino-albanesas» de 2004.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «La lucha contra el «estalinismo»: pretexto para atacar los fundamentos del marxismo-leninismo» de 2005.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués?» de 2007.

Véase el capítulo de Vincent Gouysse: «El socialimperialismo soviético: génesis y colapso» de 2017.

Salvo algunas anotaciones pertinentes que se le deben hacer a estos documentos −que denotaban que no había llegado hasta el final en sus investigaciones o que simplemente a veces había sentenciado de forma precipitada−, la mayoría de sus conclusiones eran totalmente acordes a la realidad, a nuestra propia línea política. Ahora, de un tiempo a esta parte, hemos venido observado múltiples desviaciones ideológicas en el autor galo que pasaban ya de castaño oscuro. Y bien, ¿qué divergencias aparecieron entre nosotros y el señor Gouysse? Para empezar, a priori su literatura siempre se había caracterizado por una implacable exposición del revisionismo en general y del imperialismo chino en particular, el mismo con el cual hoy ha acabado reconciliándose, algo que supone una diferencia insalvable, pero que no es la única, como iremos desgranando.

Nosotros, en cuanto tuvimos noticias de sus últimos artículos a mediados del año 2020 −pues la barrera idiomática y otros proyectos no siempre nos ha permitido abarcar su obra al completo− decidimos tomar cartas en el asunto y, a diferencia de los mercachifles políticos −que condicionan sus simpatías o alianzas a una política de falsas sonrisas y silencio si el interés así lo dicta−, nos lanzamos rápidamente a dar réplica tanto pública como privadamente a sus nuevas tesis geopolíticas. 

Antes de seguir, hemos de entender que los desatinos en los análisis o las divergencias en las conclusiones son fenómenos totalmente normales que se producen −y se seguirán produciendo−, entre individuos afines, esa no es el motivo de nuestra ruptura. ¿Por qué afirmamos esto? Siendo honestos, las cuestiones que deparan el futuro, así como la delicadeza de las pasadas y presentes, hacen que el sujeto, que siempre debe ser investigador y crítico, tenga ante sí un mundo vasto y dinámico que abarcar, lo cual chocará con otros compañeros que no tienen las mismas inquietudes, habilidades conocimientos e incluso reglas metodológicas para abordar los fenómenos. Ante estas contradicciones no queda otra que mantener una buena comunicación y coordinación recíproca para poder «limar asperezas» y llegar a buen puerto con tus homólogos, nunca actuar de forma individualista y sentenciar a su libre albedrio en contra de todos y todo. 

En este caso, nuestras relaciones con Vincent Gouysse llevaban años estancadas a razón de su falta de comunicación hasta que, recientemente, decidió retomarla en un momento en que su línea había virado sensiblemente −incurriendo en desviaciones similares a las que hemos documentado en este medio−. Cuando a su vez este se negó a argumentar tal cambio, el «intercambio de impresiones» que estábamos manteniendo no tuvo más sentido y ya las relaciones no quedaron en un impasse de indiferencia sino en una ruptura total. Y esto no puede ser de otra forma: nosotros tratamos cordialmente y amistosamente a colación de cómo se comporten tanto con nosotros y nuestros principios, si esto no se cumple, nuestra forma de operar hacia ellos debe cambiar sustancialmente so pena de contaminarnos nosotros mismos, pues no deseamos hundirnos en el pantano de la formalidad y la charlatanería.

Por último, aclarar que el orden de este documento ha sido reformulado para mayor comprensión del lector, así como estableciendo un orden de prioridad temática. La obra, en su integridad, toma como base los trabajadores de Vincent Gouysse, nuestros debates públicos con él, así como partes de nuestras obras anteriores en lo relativo a China con una serie de datos actualizados. Sin más dilaciones les dejamos con la obra.

La única razón de que algunos capítulos salieron en ese mismo 2020 −antes de que la obra entera estuviera terminada− y otros en 2022 reside en que, como ya hemos dicho, por cuestión lógico hemos priorizado terminar otros documentos más apremiantes. Precisamente, la cantidad de proyectos que deseamos abordar −entre ellos este tipo de obras ilustrativas− combinado a la falta de brazos para asumir todo tipo de tareas que a veces requieren, es una de las razones por la que instamos a nuestros lectores y simpatizantes a que tomen contacto con nosotros, que se pongan a prueba y se pongan manos a la obra para participar en nuestro trabajo colectivo.

Notas 

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

jueves, 28 de mayo de 2020

Informe de Iván Kovalev a Stalin [Sobre China], 24 de diciembre de 1949


«Al Camarada I.V. Stalin.

Informándole sobre algunas cuestiones de política y práctica del Comité Central (CC) del Partido Comunista de China (PCCh).

1. Algunos datos sobre la situación económica del país.

Aconsejó a los camaradas chinos que «Prestasen especial atención a la restauración y desarrollo de la industria nacional, incluyendo la industria que se encuentra en manos de la burguesía nacional».

Se debería apuntar que, a este respecto, no se han obtenido resultados sustanciales, exceptuando Manchuria, y el país está atravesando grandes dificultades económicas.

El volumen de producción en las principales ramas de la industria aún está muy por detrás del nivel alcanzado en los años de producción máxima. Así, por ejemplo, la producción de carbón en 1949 ascenderá a solo 33.5 millones de toneladas contra 58.7 millones de toneladas en el año de producción máxima (1942) o el 57%.

En las plantas metalúrgicas de Manchuria, que constituyen la base metalúrgica principal de China, la producción de arrabio no superará las 150-170 mil toneladas o no más del 7% de la capacidad de la planta al nivel de producción máximo (1942) y de la producción acero 120-150 mil toneladas en consecuencia, o no más del 11% de la capacidad de la máquina de fabricación de acero.

La producción de energía eléctrica en las estaciones de electricidad de Manchuria, cuya relación a la capacidad determinada de China es superior al 50%, en 1949 no superará los 1400 millones de kilovatios / hora, o el 31% de la producción máxima de energía eléctrica en 1944.

La situación en otras ramas de la industria no es mejor.

Los ministerios industriales de nueva creación aún no han tomado en sus manos la administración de las empresas estatales, no conocen las capacidades de las plantas, el carácter y el volumen de los productos que fabrican, no han averiguado [el paradero de los] equipos no utilizados, ubicados en los puertos y almacenes y la numeración de varios miles de máquinas –ciudades de Shanghai, Canton, Hankou, etc.–, y no han tomado ninguna medida para establecer el control estatal sobre el trabajo de las empresas capitalistas privadas.

En la agricultura, en 1949, el 40% de la cosecha se destruyó como consecuencia de la sequía y las inundaciones, lo que crea grandes dificultades alimentarias con respecto a la provisión de alimentos para la población, especialmente en las ciudades, y que reduce considerablemente las posibilidades de exportación.

Una mejor situación se materializó con el transporte ferroviario, donde en 1949 se restauraron unos 2.650 km de vías y 1.355 puentes de 13.550 metros, lo que permitió proveer al movimiento de trenes en las carreteras del norte, centro y sur de China, a lo largo del Longitud de 9.700 km, para restaurar el movimiento en las líneas de avance más importantes del Ejército Popular de Liberación, así como para conectar las regiones del norte de China con el centro y el sur de China.

Los comercios al por mayor y al por menor, a excepción de Manchuria, se encuentran casi totalmente en las manos del comerciante privado, repeliendo la capacidad del Estado para ejercer cualquier tipo de influencia sobre la condición del mercado y sobre los precios del mercado, conduciendo a grandes dificultades para abastecer a la población de ciertos bienes, en especial cereales, y creando condiciones favorables para la especulación.

miércoles, 26 de febrero de 2020

El Partido del Trabajo de Albania sobre el tratamiento y la correcta solución de las contradicciones en la sociedad socialista; Ismail Lleshi, 1984

Ya vimos en otras ediciones los análisis de los marxista-leninistas albaneses sobre el correcto o erróneo trato de las contradicciones en la sociedad socialista. Véase la obra de Foto Çami: «Contradicciones, clases y lucha de clases en el socialismo» de 1980, o la obra de Jorgji Sota: «Sobre la dictadura del proletariado y la lucha de clases en Albania» de 1983. Esta obra es otra pieza más al mural de grandes análisis realizado por los eruditos albaneses.

El autor Vasillaq Kureta fue un reputado filósofo marxista-leninista que destapó durante décadas las taras de los esquemas filosóficos de las principales corrientes del revisionismo moderno. Puede verse sus famosas críticas al revisionismo soviético en su obra: «Distorsiones de los revisionistas soviéticos en el campo de la filosofía» de 1981, o la obra de Vasillaq Kureta: «Las concepciones antimarxistas de los revisionistas soviéticos sobre el problema de las contradicciones en el socialismo» de 1989.

El valor de este tipo de obras filosóficas es incalculable y no ha sido apreciado en su justa medida por los marxista-leninistas de nuestros días, y esto es normal, porque la mayoría de los autodenominados «marxista-leninistas», incluyendo en el saco a los que dicen ser críticos con el jruschovismo-brezhnevismo, en realidad se han estado formando exclusivamente en manuales de filosofía del revisionismo soviético, y lo que es realmente el problema: sin criticismo alguno.

Las críticas en el campo filosófico que se vierten en el documento sobre el revisionismo soviético vuelve a demostrar que en el Partido del Trabajo de Albania siguió albergando grandes teóricos tras la muerte de Enver Hoxha en 1985. Pero también demuestra que teniendo este precioso legado teórico-práctico los cuadros albaneses del partido descuidaron las advertencias de Enver Hoxha y el PTA de años anteriores sobre el peligro de restauración capitalista, bien porque algunos viendo estos análisis creyeron estar ya inmunizados ante el peligro del revisionismo, o bien porque otros lo aceptaban formalmente de buen grado pero jamás llegaron a comprenderlos y aplicarlos. Algo imperdonable. 

Prueba que pese al lento y gradual proceso de falta de vigilancia y de pérdida del espíritu revolucionario en el PTA existían aún verdaderos análisis marxista-leninistas en lo internacional, ello pese a los errores en materia de política exterior que el gobierno de Ramiz Alia cuando comenzó a conciliar abiertamente en lo ideológico con los regímenes imperialistas y revisionistas, lo cual hace más meritorio estos análisis. Estos fenómenos negativos lejos de ser denunciados por el resto de partidos marxista-leninistas como una señal de alerta, como el posible el germen de un posible proceso de degeneración interno, fueron ignorados o aplaudidos por mero seguidismo, ya que también la mayoría de partidos marxista-leninistas habían generado a mediados de los 80. Aún así es importante apuntar que que a diferencia del rápido cambio de rumbo práctico y de discurso de los jruschovistas en la URSS, en el caso de Albania el revisionista emboscado Ramiz Alia no salió tan abiertamente de su cueva, en cuestiones como: la valoración negativa del legado de Stalin y Hoxha, la petición de créditos, la descolectivización, la adhesión al FMI, la distensión con las superpotencias, el pluralismo de partidos, teorizar sobre una economía descentralizada, la composición social del partido de intelectuales, la rentabilidad como principio rector de las empresas, cuestiones que solamente fueron enunciadas abiertamente en 1990. Durante los años anteriores o bien había cumplido con los axiomas básicos del marxismo-leninismo o los había enunciado en la teoría para pisotearlos en la práctica. Esto explica la dificultad de detectar para los marxista-leninistas albaneses y del mundo este proceso regresivo, aunque no justifica que no supiesen reaccionar desde los primeros síntomas teniendo como decíamos tantos análisis y reflexiones sobre los procesos de restauración capitalista en otros países.

De todos modos, recomendamos al lector que lea nuestro extenso análisis sobre la degeneración del socialismo albanés en el capítulo: «El PCE (m-l) y la cuestión albanesa» de 2019.

Estos análisis de los albaneses, beben de los análisis que ya esgrimieron los filósofos soviéticos en época de Stalin:

«La sociedad socialista no conoce contradicciones antagónicas, ya que en su seno no existen clases explotadas y clases explotadoras. Contradicciones antagónicas sólo existen entre la URSS, país que construye el socialismo , y el cerco capitalista; así como entre el Estado socialista y los restos de las destruidas clases enemigas que el cerco capitalista alimenta y sostiene dentro de la URSS». (Mark Moisevich Rosental; El método dialéctico marxista, 1946)

Esto se explica mucho más extensamente en el olvidado manual de «Materialismo histórico» de 1950.

Es evidente la coincidencia entre los marxista-leninistas soviéticos y los albaneses en que ambos reconocían que las contradicciones antagónicas no son propias ni producto del socialismo, sino herencia del régimen anterior –en lo interno– y la influencia del cerco capitalista –en lo externo– hacia la sociedad socialista. Ciertamente los albaneses después de la restauración del capitalismo en la URSS insistían mucho además en la posibilidad de la conversión de las contradicciones no antagónicas en antagónicas –como no podía ser de otra manera–. Pero esto jamás fue descartado en los marxista-leninistas soviéticos en sus trabajos teóricos como demuestran diversos textos sino que en la praxis, captaban perfectamente cuando las contradicciones se tornaban en antagónicas; de ese modo, cuando el desviacionista se convertía en un infractor que ponía en peligro al sistema no había miramientos –véase la reintroducción de la pena de muerte en el Caso de Leningrado de 1949–. Esto refuta la tendenciosa manipulación de los maoístas que critican a los marxista-leninsitas soviéticos insinuando que eran tan necios como para creer que no había posibilidad de restauración del socialismo. Pero Stalin era plenamente consciente de esto, y sus obras tanto oficiales como no oficiales así lo corroboran –otra cosa es que la mayoría desconozca tales textos–. Véase nuestra obra: «Mentiras y calumnias de la historiografía burguesa-revisionista de Mao Zedong y el revisionismo chino sobre Stalin» de 2014.

[Como apunte final... decir que el responsable de la traducción del presente texto fue «Tiempos Rojos», un medio que en su momento contó con grandes materiales sobre la historia del marxismo-leninismo. Este y otros como «Crítica marxista-leninista» llevaron a cabo varias traducciones de gran valor sobre los comunistas albaneses que sin duda recomendamos. Pero no podemos pasar por alto que desde el principio contaban con materiales y comentarios entre algunos de sus redactores, como Thiago R, que evidenciaban ser afines a la teoría oportunista de «superar la nefasta polémica entre Mao y Hoxha», tratando de «recuperar el carácter revolucionario de Mao». Esto demostraba, como ya manifestamos en varias ocasiones, que estos autores pese a tener una gran biblioteca en sus manos no comprendían nada de las obras de los albaneses que tenían entre manos. Ninguno de estos medios se caracterizaron por tener análisis propios ni tampoco muy extensos, pero al menos cumplían un papel positivo en cuanto a recuperación de documentación. Poco después ambos sucumbieron, según confesaron algunos de sus miembros, por trifulcas y escisiones entre maoístas y antimaoístas. Lo que demuestra una vez más que el eclecticismo y las medias tintas contra el revisionismo solo conducen al cinismo y al fracaso.]

El documento:


«Algunas de las cuestiones más fundamentales concernientes al problema de las contradicciones en la sociedad socialista han cobrado una particular importancia en el proceso de lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo, debido a que diversas variantes del revisionismo moderno especulan en torno al problema de las contradicciones en el socialismo.

El Partido del Trabajo de Albania (PTA) se ha atenido consecuentemente en toda su actividad revolucionaria a la tesis científica marxista-leninista de que las contradicciones existen en todo lugar y en cada aspecto de la vida social, en la esfera productiva material y espiritual, de que la ley dialéctica del desarrollo por medio de la lucha de contrarios, en tanto que ley universal, actúa también en la sociedad, de que, también aquí, sin lucha por la superación de las contradicciones, su desarrollo seria imposible.

domingo, 7 de julio de 2019

El PCE (m-l) y su tardía desmaoización; Equipo de Bitácora (M-L), 2020

Una caricatura del PCE (m-l) sobre el seguidismo del jefe la ORT hacia el maoísmo

«Una de las cuestiones donde más controvertidas es la desmaoización del Partido Comunista de España (marxista-leninista).

Es para nosotros un honor poder haber traído un documento histórico de notabilísima importancia como es el cuarto capítulo del «Esbozo de la Historia del Partido Comunista de España (marxista-leninista)» de 1985 titulado: «La lucha del PCE (m-) contra el «pensamiento Mao Zedong», la teoría de los tres mundos y el revisionismo chino». Documento dedicado a la recopilación documental de pruebas de la lucha del PCE (m-l) contra el maoísmo, en cuyos anexos añadimos gran cantidad de material del PCE (m-l) en su lucha contra dicha corriente, antes, durante y después de la polémica abierta. 

Como a estas alturas conocerá cualquiera que haya estudiado en alguna medida la obra teórica y sobre todo práctica de Mao Zedong, una de las características del revisionismo chino fue su eclecticismo teórico-práctico.

¿Cómo logró infiltrarse el revisionismo chino en el movimiento marxista-leninista?

1) Gracias a la no publicación de sus obras originales;

2) Debido al escaso conocimiento de las primeras obras de Mao fuera de China hasta los años cincuenta;

3) Debido a la reedición posterior de sus propios textos para hacerse pasar como marxistas;

4) Debido a la enorme cantidad de propaganda empleada por los maoístas por todo el globo.

Todos estos hechos ya fueron analizados en profundidad en nuestro documento: «Las luchas de los marxista-leninistas contra el maoísmo: el caballo de Troya del revisionismo durante los 60 y 70 en el movimiento marxista-leninista» de 2016; en él además se explica de forma extensa las diversas etapas del maoísmo desde 1935 a 1976.

El maoísmo tuvo influencia en los nuevos partidos marxista-leninistas que surgieron en los años sesenta, en un momento en que los revolucionarios decepcionados con el viraje revisionista que reinaba en el seno del movimiento obrero mundial, buscaban en donde apoyarse para desarrollar su lucha antirevisionista, y en esas circunstancias cayeron en la órbita de influencia de la demagogia del revisionismo chino, quién ora si ora no se posicionaba a favor o en contra del revisionismo soviético y yugoslavo, pero que gracias a su potente propaganda y su lenguaje pseudomarxista podía pasar a veces entre los revolucionarios como la corriente «verdaderamente marxista-leninista». Mucha de esta gente que buscaba escapar de los contornos de partidos sumisos a la traición de los jruschovistas, fueron los que fundaron nuevos partidos marxista-leninistas a mediados de los sesenta. No obstante muchos de ellos tampoco escapaban a la influencia del maoísmo y su mito como supuesta tendencia antirevisionista, con lo que las direcciones de estos partidos en mayor o menor medida aplicaban en lo sucesivo conceptos y métodos ajenos al marxismo-leninismo, lo que dificultaba notablemente su consolidación.